Ver, no es entender


Termina el día, el discurso pálido y sin sentido llega sin demora, requerido e ineludible: mañana hay que empezar de nuevo. Das un paso adelante esperando encontrar una salida, abres tu puerta esperando que ninguna se cierre, y te detienes, y lo piensas, y no lo entiendes.

Sales a la calle y lidias con el concreto, frío y endurecido como su gente, como los que ves, como los que te ven. Caminas evitando el contacto entre almas, bajas la cabeza con firmeza, como un gran acto de valentía, como en un show al que nadie asistiría, ni tú, ni ninguna de tus vidas.

Llegas a un espacio que no posees, un lugar al que llamas tuyo. Con un dejo de superioridad sonríes aliviado, esperando respirar un aire diferente. Intentas pensar en lo que ha sido de tu vida, comparas con gracia la desgracia de otros, regodeándote en una superioridad digna de ti, obviado, te sumerges en tu insolencia y ves lo bien que te va.

Pero no entiendes. Lo ves y no lo entiendes.

No eres nada, no eres nadie.

No eres digno, ni de ella, ni de ti, ni del aire que respiras, ni del concreto que pisas, ni del odio que asimilas.

No eres tú.

Eres lo que ves y no lo entiendes, lo ves todo y no entiendes nada.

Y eso eres, nada.

Nada.

13 comentarios en “Ver, no es entender

  1. Leo… pienso, vuelvo y leo… medito, re-leo… intento, todo para llegar al mensaje oculto. Gracias! me encanta.

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